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LA FUERZA DE LAS PALABRAS


               Qué palabras suelen utilizar a diario, cuando se miran al espejo? 
            En esos momentos en que se hablan a sí mismos, cómo se tratan? 
            Acaso se saludan con una sonrisa, diciéndose  ¡Buen día!  
            
            Miran su rostro o su cuerpo entero al vestirse y se prodigan alguna buena frase, atento que tienen la dicha de haberse levantado, ver la luz del día, pararse en sus dos piernas, poder vestirse solos, elegir si van a desayunar con café o té?
            
            O será que al ver su  imagen en el espejo, se hablan con críticas y pocas contemplaciones?
            
            Están atentos a las nuevas canas, o nuevas arrugas, a los kilos de más, o de menos, y se disponen a echarle en cara a esa imagen todo lo desagradable que le han encontrado en ese primer encuentro?

            Por una de esas sincrónicas casualidades, en el mismo día el tema de las palabras con las que nos hablamos, insistió en pacientes, amigas, hijos.
            
            El psicoanálisis está montado sobre el lenguaje y sus implicancias.  Pero resulta que la Palabra, va mucho más allá, y ahora ha salido a la luz, la influencia de sus sonidos, vibraciones y sentido sobre  la estructura molecular de todo el universo.
            
           Para ejemplo, sugiero consultar con la investigación desarrollada durante más de 20 años por Masaru Emoto, quien estudió la estructura molecular del agua, que forma cristales de diferente forma, de acuerdo a la palabra con la cual se la esté tratando en cada momento.  Aquí dejo link de “Masaru Emoto y los mensajes del agua”
            
          Recuerden que estamos compuestos en un 70 % de agua, y observemos los desastrosos efectos que nuestro “maldecir” puede producir en las células del cuerpo que nos porta.

         “Estoy hecha una vaca”  “Soy un desastre” “No puedo conmigo” “No puedo ser tan idiota” “Qué boludo que soy” y toda la sarta de insultos que somos capaces de echarnos encima, generan un campo negativo, tan permanente como insistente sea el mensaje, que no sólo nos enferma psicológicamente, sino también físicamente.
         
          Qué se puede hacer?
       
          Detener la hemorragia verbal negativa, hiriente e insultante para con nuestro ser. 
          
         “Pero cómo? Si estoy tan acostumbrado. Casi no me doy cuenta!”
         
           Habrá que estar atentos, y decidir darse cuenta.
           
           Es muy importante reconocer la fuerza de las palabras, especialmente las propias, y más aún cuando se refieren a nosotros mismos. 

   No son inocuas las ofensas. 

   Por el contrario, las palabras de aceptación amorosa, despiertan el núcleo saludable, en consecuencia actúan sobre el sistema inmunológico, fortaleciéndolo.

   Este sistema defensivo, hoy tiene que hacerse cargo de protegernos de una agresión constante y masiva de palabras negativas de toda índole.  Ya tiene bastante trabajo.  Pero ese es tema de otro día.

   Hasta la próxima, y muchas gracias por estar ahí!


Comentarios

  1. hace ya un tiempo que me trato amorosamente porque comprendí este mensaje!Lilib

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  2. Querida amiga,

    Menudo tema el que has elegido para retomar tus comunicaciones, y por qué no decirlo a la vez también para comenzar la primavera (época de florecimiento si la hay), en la que podemos sin lugar a dudas empezar todos por sembrar quizás una nueva especie de semilla (palabras amorosientas y no condenatorias), que seguramente habrán de brindarnos otros frutos (vínculos, relaciones y comunicaciones) más armoniosas, afectuosas y generosas con nosotros mismos en primera instancia y desde luego con los demás también (por aquello que le/s hablo como me hablo y/o le/s digo lo que me digo y como me lo digo……..

    No debemos olvidarnos en ningún momento, las sabias palabras del gran Maestro que hace ya algo más de dos mil años (y tal vez ahora con más vigencia que nunca), nos recordaba que no era precisamente lo que ingresaba por nuestra boca lo que íntimamente nos enfermaba, sino lo que de nuestros labios salía.

    En estos tiempos de brotes nuevos, en la que los albores de una nueva humanidad asoma, recomiendo muy especialmente y más que nunca, poner esmero absoluto en expresarnos con impecabilidad, habida cuenta que la nueva conciencia de unidad naciente, ya no admite ni digiere críticas, juicios ni lapidaciónes; sino una plena aceptación de todo lo que es…….

    Hoy, aquí, ahora, es menester comprender muy en lo profundo, que toda aquello a lo que me resisto externamente (sea lo que fuere), es una parte de mí que no estoy aceptando, es decir de la vida misma con la que me estoy peleando, ya que yo, vos, él, nosotros, vosotros y ellos somos la vida misma que se extiende por doquier, asumiendo momentáneas, efímeras e ilusorias formas a las que permanentemente (y con palabras de nuestra exclusiva autoría) etiquetamos de lindas, feas, buenas o malas, basta ya, por el amor de Dios……..

    Tenemos que tomar conciencia que con nuestras palabras estamos creando de instante en instante la realidad, y humildemente considero que va siendo hora ya de que las empleemos (a las palabras me refiero), para recuperar “el reino de los cielos” que siempre mora en nuestro interior, pero que a fuer precisamente de tantas palabras (léase ideas y conceptos), nos llevó tan lejos y fuera de nosotros, que nos hemos olvidado recuperar un poco del silencio y la quietud primordial (antes del verbo), necesario camino de regreso a casa, o lo que es lo mismo decir: al esplendoroso reencuentro con el Ser que somos, antes y más allá de las palabras mismas….

    Con inmenso amor,
    Ricardo Friedenthal

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